En los caminos y una vida
En los caminos y una vida
Pienso, me gusta pensar desde fuera,
occidentalmente, que casi todas las urbes u horizontes
las conocí caminándolas, y a veces, de tanto decírmelo,
pienso en alguien, en mí, que los atravesó en
cincuenta años, como si vuelos o navegaciones sólo
fueran caminatas, como si la escritura en las calles
se oyera paso a paso, como si las huellas de la pisada
—horizontal o verticalmente— se anularan a ciegas,
porque en el ayer del ayer, cuando la fuerza era doble,
yo hacía de dos días o tres días un cada día.
Adiós palomas en el sol de abril en laderas de Jerusalén,
adiós al Arno cuyas aguas partían en dos a Pisa para
compartir las voces antagónicas de Shelley y de Byron,
adiós Tübingen del ’72, a las orillas verdeoscuras
del Neckar, donde Hölderlin miraba en las aguas
el cuerpo esbelto y la cara clásica de Diótima,
mañanas duales de Salzburgo, en que muchas veces,
en calles y callejas, calladamente, solía el forastero
deambular con el extraño para oír la canción del mirlo.
Pero hoy por hoy, en Ciudad de México, a lo largo de
Insurgentes, florecen moradas las jacarandas, pero
pocos oirán dentro de poco, a mi cuerpo y a mi sombra,
alejarse del vuelo y del gorjeo, con altivas pausas,
del gorrión o del cenzontle, antes que funesta asome,
en la llama roja de la tarde azul,
la nube negra.
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Inédito
_______Publicación extraída de Códice N° 1 – Año 1 – Nueva Época 2022_______



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