_________Revista de Poesía 𝐈𝐦𝐩𝐫𝐞𝐬𝐚 & Editorial | Poetry Journal & Publishing House_________

Desde 𝟏𝟗𝟖𝟕

I. Ensayos: César Vallejo — Acercamientos a Trilce | Por Cecilia Podestá.

Published by

on

El cuerpo, el último lugar antes de la palabra eterna

Cecilia Podestá

Estáis muertos si han pronunciado su nombre, sin haber atravesado su celda o haber intuido su secreto en la palabra monstruosa y luminosa que nos convoca. Trilce. Trilce. Trilce. La escultura invisible, la semántica del encierro, los dientes mascando las paredes para medir la crueldad del tiempo y la soledad como enfermedad de un cuerpo entre barrotes. Cuerpo atacado, violentado, perseguido hasta convertirse en un rezo a oscuras, en un encuentro con la locura de las palabras susurrantes.

César Vallejo es el signo de toda muerte que se duele de sí misma y toca sus entrañas para lamentar que la humanidad destruye carne, almas y tiempo, pero no las palabras que repetimos para salvarnos cuando la vida golpea y nadie nos protege del hermano, del otro, del prójimo que nos usa para ensayar el placer y poder con crueldad dentro de la celda en la que el más fiero de los hombres llora por todos los hombres, por Dios y por sí mismo.

No hay testimonio más verdadero de la soledad que el mismo Trilce, como palabra desconocida que se va formando en las paredes o en la cabeza de un hombre para quien el tiempo es una charca en deterioro que reverbera, que huele mal, incluso como él mismo. Y el mañana es una palabra que huele a restos, a heces y al sudor frío que se planta en las paredes como una sombra que mira y acompaña. Mañana es una palabra que huele a todos los cuerpos que amanecen abozalados con la mano después de los más sobervios bemoles, cito. Acaso bemoles como llanto, gemido, grito y de nuevo plegaria, palabra, poesía en la línea mortal del equilibrio, cito.

¿Qué significa Trilce? Es la palabra que no se puede nombrar cuando hallamos el infierno, la misma que da vueltas recurrentes como una fiebre dentro de un Craneo golpeado y de una intensidad exhausta, lúcida y oscura. Trilce soy yo, me dice César Vallejo. Nombre nombre nombre nombrE, cito. Hombre, huesos, vertigo y memoria, respondo tímidamente en mi propio lamento, casi mordiendo sus palabras para sentir el desamparo de un hombre cuyo último lugar es su propio cuerpo cautivo y destruido excepto por lo que nos heredó, las más avasallantes palabras a pesar de haber sido huérfano de una humanidad que amó hasta sentir esperanza para pegarse al tiempo y extraer de él, libertad y pasos en calles y ciudades que lo esperaban. Nadie lo protegió excepto su plegaria. Trilce en sus labios, en su silencio perseguido, en su devastación y en su muerte que ni aún le toca los talones, siquiera ahora. Y mientras César Vallejo escribe eternamente, qué extraña manera de estarse muertos, cito, si no hemos reconocido su cuerpo creciendo como el dolor que nadie quiere alcanzar dentro de nuestra sangre.

Hay un lugar inhabitable que solo él ha visto, ovillado y desnudo, con y sin palabras; al mismo tiempo es un no lugar, el grito que se ramifica en el piso sin lograr comunión. Pero… Trilce soy yo, vuelve a decir César Vallejo y me señala su celda vacía y en la que padeció.

Os digo, pues, que la vida está en el espejo y que vosotros sois el original, la muerte (del poema XXV) vuelve a susurrar o acaso nos sentencia, eterno en la plegaria, libre.

_______Publicación extraída de Códice N° 1 – Año 1 – Nueva Época 2022_______

Deja un comentario