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III. Ensayos: César Vallejo — Acercamientos a Trilce | Por Ricardo Silva-Santisteban.

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«TRILCE II» DE CÉSAR VALLEJO

Ricardo Silva-Santisteban

Cuando en octubre de 1922 se publicaba Trilce en la ciudad de Lima, en una corta edición de 200 ejemplares, no se conocían, aparentemente, sino seis poemas de este libro: tres aparecidos subrepticiamente en un periódico limeño (como si se tratara de un solo poema gracias a un empastelado tipográfico), dos en una revista trujillana de escasa difusión, y otro en una revista limeña. Sin embargo, hasta hace unos años, nada se sabía o recordaba de estos textos. Estas publicaciones han ido reapareciendo poco a poco, a través de los años, gracias al extraordinario interés que despierta la poesía de Vallejo. Frente a la aparición de Trilce el estupor fue casi total y solo a la vuelta de los años este libro sería reconocido como una obra excepcional no solo de Vallejo, sino también de la poesía contemporánea universal. Solo a raíz de la publicación en 1965 del libro de Juan Espejo Asturrizaga, César Vallejo, itinerario del hombre (1892-1923), se tuvo por primera vez noticias extensas y de primera mano sobre la escritura de este libro singular que siempre había parecido surgido por generación espontánea. Espejo Asturrizaga, un paisano y compañero de Vallejo, guardó devotamente versiones iniciales de ciertos poemas de Trilce cuyo conocimiento es capital para comprender el proceso de su evolución poética sufrida desde la publicación del primer libro del poeta, Los heraldos negros.

Ahora bien, para explicar el fenómeno de la escritura de Trilce, los críticos han urdido diversas teorías; desde las más cautas hasta las más arbitrarias. Unos han visto una evolución natural desde las piezas más logradas de Los heraldos negros, sobre todo las secciones «Truenos» y «Canciones del hogar», hasta las menos radicales de Trilce y luego han supuesto que la evolución continúa llevada por su propio peso hasta llegar a las composiciones más difíciles. Se ha pensado en la influencia de algunos de los movimientos de vanguardia más antiguos (futurismo y dadaísmo) y en el ultraísmo español. También en la de Un coup de dés de Stéphane Mallarmé. Sin embargo, todos estos movimientos y el poema de Mallarmé se encuentran tan distantes de la poética de Trilce que no vale la pena ni siquiera refutarlo.

Es sabido que los escritores tienen distintos hábitos de escritura. En un poeta estos son de una importancia capital. Por eso debemos comenzar por preguntarnos, en primer lugar, cuáles eran los hábitos de escritura de Vallejo antes de intentar establecer cualquier teoría sobre la composición de los poemas de Trilce. Por los manuscritos conocidos desde 1968, gracias a la edición de Moncloa dirigida por Georgette de Vallejo, es fácil advertir el complejo y laborioso proceso de escritura de las composiciones vallejianas sometidas no solo a una severa depuración sino, en muchos e importantes casos, a un trabajo de recomposición. Mediante estas correcciones sucesivas los poemas ganan, generalmente, en su dibujo rítmico y en intensidad y significación, y mejoran su calidad en forma notable por el trabajo de presión verbal ejercido sobre el estado primigenio del texto a la vez que se dificulta su comprensión. Pero, de los originales de Vallejo, solo tenemos a nuestra disposición, para este tipo de estudio, las últimas composiciones del poeta, es decir, los de su itinerario europeo: los poemas posteriores a Trilce y Los heraldos negros.

Veamos, entonces, un precioso testimonio de Espejo Asturrizaga sobre la escritura del joven Vallejo, precisamente el del poema que da título y abre el primer libro del poeta:

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Un hecho de carácter estrictamente íntimo y familiar fue el ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀aguijonazo que, tocando las fibras más profundas de su ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀sensibilidad, llevarían a César Vallejo a escribir este poema de ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀tan fuerte contextura como de honda emotividad. Marzo de ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀1917. César va a determinado lugar donde se le informa de un ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀asunto que se ha resuelto en forma desfavorable; este hecho ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀hería profundamente a miembros de su familia y sus ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀consecuencias, para alguno de ellos, tomaba aspecto de ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀desgracia irreparable, por aquellos momentos. Era algo injusto, ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀inesperado, anonadante.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀César, profundamente angustiado, después de dar la noticia y ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀tomar el peso de lo que aquello significaba para familiar muy ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀querido, se marchó a la calle y anduvo vagando por diversos ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀sitios. En la noche, con algunos amigos se refugió en el cafetín ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀de Esquén (jirón Ayacucho), donde estuvo bebiendo hasta muy ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀tarde, sin conseguir embriagarse ni menos dominar la tensión ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀dolorosa que lo torturaba.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀De regreso al hotel del Arco, su hermano Néstor se revolvía en ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀el lecho sin conciliar el sueño. César sentándose ante la mesita ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀que le servía de escritorio exclama tembloroso y emocionado: ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀¡Hay golpes en la vida tan fuertes!… Yo no sé… ¡Golpes como del ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀odio de Dios!… Luego de unos instantes continuó escribiendo. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Así nacieron «Los heraldos negros».

     En la versión inicial que Espejo Asturrizaga ofrece de «Los heraldos negros», el tercer cuarteto presenta la siguiente forma:

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Son las caídas hondas de los Cristos del alma

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀de alguna fe adorable que traiciona el Destino.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Son esos rudos golpes las explosiones súbitas

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀de alguna almohada de oro que funde un sol maligno.

     Sin embargo, en la primera edición del libro, el poema «Los heraldos negros» sufre una gran mutación, sobre todo en los dos últimos versos del cuarteto en los cuales se verifica el cambio genial introducido por Vallejo. La estrofa quedó de la siguiente forma:

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Son las caídas hondas de los Cristos del alma,

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀de alguna fe adorable que el destino blasfema.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Esos golpes sangrientos son las crepitaciones

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

     Como agudamente ha comentado este cambio el profesor italiano Roberto Paoli: «Se pasa de un simbolismo de naturaleza estetizante […] a otro de naturaleza emotiva existencial, que centra uno de los más personales motivos simbólicos de la poesía vallejiana: el pan». Pero mi observación no va a una interpretación de los versos de Vallejo, expuesta en forma tan acertada por el profesor Paoli, sino a la lucidez del cambio, a la comprensión de su modo de composición. Vallejo elimina en estos versos, por decirlo de alguna forma, toda la ganga esteticista comprimiendo el lenguaje con una imagen aparentemente prosaica, que sustituye los versos primitivos para luego soldar la nueva versión con versos que consiguen intensificar la carga existencial del poema. Vallejo, pues, suprime de la superficie del texto las blanduras de los oropeles y manierismos modernistas que han pagado muy caro su tributo al tiempo, al envejecer y extinguirse en forma inexorable. Con la imagen aparentemente prosaica de un pan que se quema en la puerta del horno, el poema adquiere de pronto una trascendencia inusitada y se convierte, de golpe, de un poema mediano en un poema rescatable. Esto se debe al vigor de la imagen que desborda y supera el propio poema con la fatalidad del destino inevitable que ronda al hombre y que se continúa con la otra imagen, también memorable, de la palmada por sobre el hombro. Digámoslo claramente: gracias a la resurrección poética que se da a partir del verso 11 de «Los heraldos negros» hasta el final, es que el poema se mantiene con vida.

Pues bien, con Trilce ocurrió en cierta forma un procedimiento similar, pero más extenso, hondo y radical. De las nueve versiones primigenias de Trilce con que se cuenta, tres son sonetos: uno en endecasílabos y dos en alejandrinos de corte modernista que se desarrollan, más o menos, sin solución de continuidad con los poemas más logrados de Los heraldos negros. Entre las primeras versiones de los poemas de Trilce que conocemos y los de la versión definitiva de 1922 puede verse que se conservan transcritos versos íntegros sin variantes, otros se disminuyen métricamente, se suprimen referentes, se reiteran palabras, aparecen pleonasmos, se interponen vacíos entre las palabras, otros parecen haber sufrido agregados de cierta extensión, etc. Todos los cambios, sin embargo, producen luego dificultades de lectura, anfibologías y elipsis. Las versiones iniciales de Trilce sirven muchas veces para aclarar dificultades de las versiones definitivas.

De ahí, pues, la importancia del descubrimiento de «Trilce II» perdido en una desconocida revista limeña de 1921. Gracias a su excelencia, «Trice II» ha motivado una gran cantidad de comentarios, algunos de ellos muy ingeniosos, pero esta nueva versión es de gran interés por la luz que arroja respecto a experiencias lingüísticas extremas en Vallejo como, por ejemplo, respecto a la palabra «herizar».

Veamos la versión definitiva: 

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Tiempo Tiempo.

Mediodía estancado entre relentes. 

Bomba aburrida del cuartel achica 

tiempo tiempo tiempo tiempo.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Era Era.

Gallos cancionan escarbando en vano. 

Boca del claro día que conjuga

era era era era.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Mañana Mañana.

El reposo caliente aún de ser.

Piensa el presente guárdame para 

mañana mañana mañana mañana.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Nombre Nombre.

¿Qué se llama cuanto heriza nos?

Se llama Lomismo que padece 

nombre nombre nombre nombrE.

La versión primigenia es la siguiente:

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Tiempo. Tiempo.

Medio día estancado entre relentes; 

ubomba aburrida del cuartel, que achica 

tiempo, tiempo.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Era, era.

Gallos cantan escarbando en vano. 

Boca del claro día que conjuga. 

era, era.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Mañana, mañana.

El reposo caliente aún de sér.

Piensa el presente así: Guárdame para 

mañana, mañana.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Nombre. Nombre.

Qué se llama cuanto hoy eriza el alma? 

Se llama así: LO MISMO, que padece 

nombre, nombre.

Cárcel de Trujillo, de 1920.

Desde el punto de vista formal, la versión definitiva del poema constituye un desafío a la estética de la época. Un poema completamente descarnado de todo el esteticismo reinante tenía que sonar disonante y hasta sublevante. Desde el punto del desarrollo, se trata de un poema intensamente personal que nos presenta una desgarradora experiencia. Cada estrofa del poema empieza con una palabra que se repite y que luego concluye al final de la misma repetida cuatro veces. La métrica, aunque posee una base endecasilábica, debido a las palabras eje citadas que se repiten dos y cuatro veces, se resuelve en tetrasílabos y hexasílabos, pero en otros versos también hay octosílabos, decasílabos y dodecasílabos. En la primera versión, con excepción de los versos que abren y cierran cada estrofa, existe la regularidad del verso endecasílabo.

Por la intención que poseen sus estrofas, podemos separar el poema en dos partes: las dos primeras y las dos segundas. La primera parte nos presenta el escenario exterior donde se desarrolla el poema. Como tantos poemas de Trilce, éste utiliza el tema del tiempo. Tras los velos que se despejan en la presentación de su escenario, el tiempo aparece como elemento fundamental y obsesivo del yo poético. «Tiempo Tiempo» repite el poeta desde el mismo comienzo en el primer verso para indicarnos luego que nos encontramos en el momento del mediodía, pero de un mediodía que se encuentra estancado. El tiempo no fluye o apenas fluye con una lentitud exasperante e insoportable. El poeta une la acción del transcurrir del tiempo con la acción de la bomba de agua que alguien está accionando. El tiempo fluye pero precariamente, en realidad es el tiempo lo que se está haciendo fluir mediante la acción de achicar el agua. El mediodía se encuentra detenido y el aburrimiento mortal invade al sujeto del poema.

El «Era Era» con que empieza la segunda estrofa que, creo yo, se trata indudablemente del pretérito imperfecto del verbo ser, continúa con una nueva indicación acerca del tiempo. Es probable que el poeta nos esté remitiendo al mismo momento del amanecer cuando cantan los gallos. El despertar del día se produce mediante el canto que significa un nuevo amanecer: el canto de los gallos da inicio al día, pero el mismo día canta el pasado recordado en un presente insoportable. Aquí termina la primera parte del poema. La parte que hemos denominado exterior y que podemos subdividir, a su vez, en presente y pasado. Obsérvese que, aunque estas dos primeras estrofas poseen una austera riqueza visual, en realidad el sujeto del poema todo lo ha percibido a través del oído. No es difícil imaginarse al personaje del poema acostado en un camastro escuchando lo que sucede en el exterior y recordando lo que aconteció hace un rato al inicio del día. Hasta este momento el poeta nos ha presentado el mundo exterior a través de lo que escucha el sujeto del poema y en él advertimos la monotonía que lo aqueja.

En las dos últimas estrofas, que conforman la segunda parte del poema, en cambio, pasamos del plano exterior, en cierta forma descriptivo al plano de una interiorización. Aquí es donde el poema se torna más difícil y complejo por la suma de ambigüedades que contiene. El sujeto del poema se aísla en un profundo y complicado proceso de interiorización. En los versos

El reposo caliente aún de ser.

Piensa el presente guárdame para 

mañana mañana mañana mañana.

no se puede llenar con exactitud los vacíos de los pronombres no citados por Vallejo. Pero en la última estrofa la comprensión se dificulta más aún porque el poeta se aparta de la norma lingüística vigente con una extrañeza inusitada:

¿Qué se llama cuanto heriza nos?

Un «qué» que reemplaza a un «cómo», un verbo escrito con una h que no le pertenece, «heriza», y que ha motivado la aceptación consensual hasta la fecha de unir «herir» y «erizar» y no el más violento de «hoy» y «erizar» que es el que en realidad le corresponde, a la luz que arroja la primera versión. ¿Qué significa ese «Lomismo» escrito con mayúscula y unido, convirtiéndose de esta forma en un nombre propio? Finalmente, una mayúscula completamente fuera de lugar termina el poema: «nombrE».

     Una de las características de los poemas de Trilce es que tantas invenciones juntas enceguecen al lector y eso es lo que ocurre en las dos difíciles estrofas finales del poema que comentamos. El sujeto siente en su lecho el calor producido por su propio existir. Vulnerado como persona, no pierde sin embargo el hilo de la existencia. Aunque es un simple sobreviviente, es capaz de darse cuenta del calor que provoca su propio cuerpo. Estamos en el momento presente y él —o el mismo presente personificado— piensa que debe subsistir o guardar el rescoldo de vida que le queda para el futuro. Si la primera estrofa describía el presente y la segunda el pasado, la tercera nos transporta hacia el futuro.

     Sin embargo, en la última estrofa la congoja que sufre el sujeto por su encarcelamiento lo afecta en su manera de pensar y empieza, a la vez que un balbuceo mental, un agolpamiento en la sensación del tiempo que lo daña, que «hoy eriza el alma» como dice en forma clara la primera versión. Vallejo alegoriza entonces una especie de monstruo sin forma en «Lomismo» en que encarna o cuaja (por decirlo así) todo aquello que se repite, se repite y se repite en las cuatro paredes albicantes que lo cercan y que no es sino la conclusión misma del tiempo estancado con que comienza el poema. El sufrimiento que provoca esta sensación horrenda del tiempo motiva que el hombre lesionado en su pensamiento, pierda su identidad y desaparezca como individualidad en el abismo del tiempo. El hombre, o el alma del hombre, ha sido tragada, pues, en el obsesionante pozo del tiempo inmisericorde que ha congelado su flujo.

     El poema termina con una nota de claudicación, con la derrota total del hombre quebrado por la injusticia. La angustia del existir se evidencia en Vallejo en forma muy capaz a través de un poema difícil, austero y estremecedor pero a la vez tan notable como «Trilce II».

     Es fácil, pues, observar que el proceso ya iniciado en Los heraldos negros de separarse de la poesía formal modernista, se acrecienta en los poemas de Trilce en busca de esa otra forma más desnuda y aligerada, pero a la vez más sólida y eficaz, que crea su propia retórica y en este libro se convierte en singular. La poética de Trilce consiste en alusiones, muchas veces crípticas, que conducen el poema a un denso hermetismo, pero que no atentan contra él por su concepción humanísima, su patetismo existencial y su ritmo alucinante, ya que se trata de la expresión de una estética que lleva la emoción a un punto a veces insoportable por su excesiva carga humana. No se trata, pues, de una simple habilidad verbal, pero hueca; Vallejo hincha y colma sus poemas con una carga existencial y con el vigor dinámico de su expresión.

     En el hábito de la escritura de Vallejo a que me referí anteriormente puede advertirse, primero, la composición de un poema producido por un fuerte impacto emocional siguiendo, más o menos, la estética de la época; luego, en una etapa posterior, una o varias correcciones que cambian en forma fundamental la escritura primigenia. Vallejo se encontró así, en poemas como este, en la senda de la modernidad.

_______Publicación extraída de Códice N° 1 – Año 1 – Nueva Época 2022_______

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