Encontrar la salida de una cabina telefónica
Un barco se encuentra a la deriva
incluso navegando por un río,
primero te entregan el diagnóstico,
los síntomas como de costumbre
empiezan más tarde a aparecer:
es capaz de ver una rosa
en todas las rosas que haya visto,
en un árbol caído en medio del bosque
todos los árboles caídos en medio del bosque.
Los pañuelos se agitaban en el aire
porque alguien tenía que pintar
una despedida, los animales salían
de caza para que los viéramos
despedazar a su presa (quien
no ha sido victimario nunca ha
sido víctima), los soldados
de una guerra que nadie quiere que termine
se arremolinan alrededor de una trinchera
donde dicen caerá la próxima bomba
y los que viven a un costado del río
que está a punto de desbordarse
no pueden esperar para volver
a construir en su ribera: la prosa
se avecina por su cauce, empujada
por los años que lleva acumulándose
en manos de quien debía construir una escollera:
las piedras una encima de la otra habrían
impedido la llegada del oleaje, pero somos
testigos porque no podemos ser espectadores:
escucha una canción que te haga sonreír
y otra que te haga llorar cada vez que usen
una y la misma palabra y después entónala debajo
de un árbol que se niegue a darte sombra:
esa melodía traerá de vuelta a los barcos
que nunca estuvieron perdidos, ese es el árbol
del que te prohibieron comer sus frutos:
este es un poema sobre mi padre pero nadie
se ha dado cuenta: tal vez la imagen
de un edificio quemándose hubiera
sido necesaria. Tal vez la de un elefante
varado en una playa. La de un puente
que no se ha derrumbado, pero debiera.
_______Poema inédito publicado en Códice — Revista Impresa de Poesía N°2 — Año 2, Nueva Época_______



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